Rafael Rubio.- ¿Ha cambiado el mundo financiero en estos cinco años? Rafael Termes.- Antes de iniciarse este último lustro ya teníamos configurado el mapa de los grandes grupos bancarios. Por lo tanto, más que un cambio, lo que se ha producido en estos últimos años ha sido una evolución en el mismo sentido que venía apuntando años antes: creciente competencia entre las instituciones, con un estrechamiento de los márgenes. Este estrechamiento del margen se ha acentuado como consecuencia de la caída de los tipos de interés y ha obligado a la banca a buscar otros productos, que compensaran esa pérdida. R. R.- ¿Qué ha tenido que ver la clientela en esa evolución? R. T.- Como consecuencia de esta caída de los tipos de interés, la clientela ha abandonado los depósitos y, sobre todo las imposiciones a plazo fijo, para ir a parar a fondos de inversión y fondos de pensiones, en busca de mayor rentabilidad, al amparo del mejor tratamiento fiscal que estos productos tienen. R. R.- Ese auge de estos nuevos productos frente a los tradicionales ¿ha descolocado a los bancos y cajas de ahorro? R. T.- Naturalmente, el auge de estos productos ha cambiado la forma tradicional de trabajar de bancos y cajas de ahorro, pero como se ha demostrado otras veces, han tenido suficiente capacidad para adaptarse y reaccionar a la cambiante demanda del entorno, cambiando margen financiero por comisiones de gestión. Pero, sobre todo, lo que ha producido es una mayor competencia y la competencia es buena. En primer lugar, para la clientela porque se le ofrecen mejores productos y mejores precios. Pero lo es también para las instituciones porque se ven obligadas a aguzar su inteligencia y su creatividad en la búsqueda de nuevas salidas. R. R.- Alguna entidad, como Banesto, tuvo problemas en medio de este proceso con el consiguiente susto para su clientela y accionistas. R. T.- Todo lo que podía ser consecuencia de la transformación del sistema bancario y de la llegada de nuevos competidores se liquidó y resolvió a través del sistema de garantía de depósitos. Los fenómenos desagradables que se han producido en el sector bancario, durante los últimos años, no obedecen a condiciones creadas como consecuencia de la competencia y la globalización. Tienen más bien su origen en otro tipo de prácticas: en un desenfocado sistema de operar en bancos que está más relacionado con la falta de ética que con los cambios en los modelos financieros. R. R.- ¿El euro va a crear complicaciones al sector bancario? R. T.- Desde el punto de vista financiero la introducción del euro sólo significará una mayor transparencia en un mercado que, en la Unión Europea, ya estaba unificado y en plena competencia. Dejando aparte, desde luego, el problema que se presenta por la transformación de las divisas nacionales en euros y que supone, naturalmente, un coste. R. R.- Un coste que en España tendrá que asumir la banca, según acaba de decidir recientemente el Gobierno. R. T.- A mí no me parece justo que la banca tenga que pagar el coste de esta transformación. La banca no ha inventado el euro, ha surgido de un movimiento más político que económico. El mercado común es algo altamente deseable, pero el mercado único no necesita una moneda única. Se puede tener un mercado único con monedas nacionales. Los responsables políticos de la Unión Monetaria son los que deberían asumir el coste de conversión de las monedas nacionales en euros, pero el Estado, que los políticos administran, sólo puede pagar con recursos que, mediante los impuestos, extrae de los ciudadanos que son siempre los que pagan el coste de los aciertos o desaciertos de los políticos. A mí me parecería más razonable que el coste de la introducción del euro se compartiera y no se hiciera recaer sólo sobre las entidades financieras. R. R.- ¿El euro traerá más competencia a los bancos españoles? R. T.- La competencia que existe entre los bancos europeos es ya muy fuerte. No creo que haya grandes cambios en el sector financiero con la llegada del euro, sólo, como ya decía antes, al desaparecer las monedas nacionales, los precios, expresados para todos en euros, serán más transparentes. Lo que sí va a plantear la implantación del euro, si se quiere la neutralidad de la ubicación de las inversiones, es la necesidad de uniformar la fiscalidad del ahorro, lo que algunos estados, y a mi juicio con toda la razón, no ven con agrado. Si no se armoniza la fiscalidad, desaparecido el riesgo de cambio, los gestores de inversiones podrán ofrecer colocaciones en algún país de la Unión, con una rentabilidad mejor que la del país de residencia del inversor. El ahorrador español preferirá invertir en un fondo de inversión alemán si allí las plusvalías no tributan. Por todo ello, la competencia entre países de la UME para atraer capitales, hará que la tributación de las rentas y plusvalías de capital tienda a la baja. R. R.- Desaparecerán las retenciones en los depósitos? R. T.- Claro, tenderán a desaparecer. R. R.- ¿Usted cree en la banca telefónica? R. T.- La impresión que tengo es que las entidades que han hecho esta apuesta han incurrido en pérdidas porque el uso que se está haciendo de la banca telefónica no es el que se pensaba. En España, la clientela preparada para esta clase de banca es todavía escasa; la inmensa mayoría quiere el contacto personal en la oficina. Por eso, las cajas de ahorro, en mi opinión, han hecho bien en plantearse abrir las oficinas por las tardes y los sábados por la mañana, con motivo del debate de la jornada de 35 horas. En términos generales, la idea de que reduciendo la jornada se aumenta el empleo, es una idea disparatada. Pero las cajas, y también los bancos, tienen un problema de atención a la clientela, que data de muy antiguo, y que es consecuencia de la implantación, desde un desgraciado convenio colectivo, de un horario insatisfactorio para la apertura de oficinas al público. Ahora, las cajas que ya tenían una jornada reducida, de 37,5 horas semanales han propuesto a sus trabajadores que podrán disfrutar de la jornada de 35 horas si, a cambio, aceptan trabajar por las tardes y los sábados por la mañana. R. R.- ¿Sigue siendo la confianza un factor fundamental a la hora de optar por un banco o caja de ahorro o se consideran más otras cosas? R. T.- Yo creo que la confianza es hoy, ayer y mañana el factor clave en el negocio bancario. Todo el sistema financiero descansa en la confianza. Y si ésta quiebra el sistema también quiebra. Es verdad, sin embargo, que la confianza basada en la sanción del mercado ha sido sustituida por el intervencionismo estatal. El hecho de que las crisis bancarias apenas hayan afectado a la gente, sólo ha sido posible porque el Gobierno, en su día, decidió que los bancos no podían quebrar y el Fondo de Garantía de Depósitos, concebido en su origen como un mecanismo de seguro para los depositantes modestos, cuya supuesta falta de preparación financiera se pretendía proteger, se convirtió en un instrumento de salvamento de los bancos quebrados, asegurando la integridad de todos los depósitos, pequeños y grandes, e incluso, con vulneración de los principios fundamentales de las Sociedades Anónimas, salvando el valor del patrimonio comprometido por los accionistas; todo ello con cargo, en parte, a los bancos sanos y, en parte, finalmente, a los contribuyentes. Dejando aparte la injusticia de este sistema, que no ignoro no es privativo de España, el resultado ha sido que la confianza en las instituciones, que debía basarse en la observación del comportamiento de las mismas, se ha convertido en la confianza en que, pase lo que pase, el banco será salvado por la Administración Pública, lo cual signifiica, por una parte, que la clientela se inclina por el banco que ofrece mejores condiciones, con abstracción de toda consideración sobre los riesgos de su insolvencia futura, y, por otra parte, los gestores de los bancos pueden lanzarse a las más aventuradas operaciones, sabiendo que, salvo caso de fraude manifiesto, el banco acabará siendo rescatado y ellos no sufrirán demasiado castigo. |
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© 1998-1999. Rafael Termes |