REFLEXIONES SOBRE EL TAMAÑO DE LOS BANCOS
Revista Ausbanc núm. 92 de febrero de 1998


La revista Ausbanc me pide unas reflexiones en relación con la dimensión de las entidades financieras, a fin de incluirlas en un número especial que está preparando sobre este tema, a la luz de la próxima incorporación de España a la moneda única. No es la primera vez que soy llamado a pronunciarme sobre una cuestión que, casi todos los días, ocupa algún espacio en los medios de comunicación; y hasta me atrevería a decir que mi opinión es de sobras conocida. Sin embargo, con gusto, intentaré responder a la petición en la forma más clara que pueda.

Parto del supuesto que, con acierto o sin él -ésta es otra cuestión-, la implantación de la moneda única en la Unión Europea constituye el camino elegido para avanzar en la "globalización", a tamaño europeo, de la economía y de las finanzas. Es cierto que, para competir en un ambiente más "globalizado", se necesita mejorar la eficiencia. Pero nada permite asegurar, ni teórica ni empíricamente, que exista una relación directa entre eficiencia y tamaño de las entidades financieras. Por lo tanto, afirmar que, para que los bancos españoles compitan mejor en la UME, es necesario que aumente su tamaño, me parece una conclusión falsa. Esto es así porque, al lado de las pretendidas y casi exclusivamente citadas economías de escala, en las que se fundamenta la necesidad de aumentar el tamaño, están la reducciones de costes, o el aumento menos que proporcional de los mismos, basados en las economías de experiencia o aprendizaje; de gama o alcance; y de tecnología de producto y de proceso; que pueden conducir, y de hecho conducen en muchas ocasiones, a mejoras de la eficiencia sin aumentar ni el volumen de las operaciones ni la cuota de mercado.

La eficiencia, según común opinión, se mide por la relación entre el gasto y el producto. Cuanto menor sea la parte del producto absorbida por el gasto o, lo que es lo mismo, cuanto mayor sea el producto por unidad de gasto, más eficiente será la entidad. Ahora bien, aumentado el tamaño, sea por crecimiento sea por fusión, es prácticamente seguro que aumentará, en cifras absolutas, el producto; pero no es nada seguro que el gasto, sea para generar el crecimiento autónomo, sea como suma del gasto de las entidades fusionadas, aumente en menor proporción que el producto, que es la condición necesaria para que mejore la eficiencia. Tanto la doctrina como la experiencia dicen que, en banca, las pretendidas economías de escala o no existen o se agotan rápidamente con el tamaño o, incluso se convierten en deseconomías, entre otras razones, porque al aumentar el tamaño de la empresa su gestión se hace más difícil.

Todo lo anterior no quiere decir que el tamaño carezca de importancia. Pero por otras razones. Me explico. El objetivo financiero de una entidad bancaria, al igual que el de cualquier empresa mercantil, es crear el máximo valor posible para el patrimonio del accionista. Para adelantarme a cualquier crítica tendente a calificar la anterior afirmación como propia del "capitalismo salvaje", ruego que se observe que he dicho "objetivo financiero", lo cual significa que se trata de un objetivo subordinado al objetivo final de la empresa que -como siempre he enseñado y puede leerse en mi Manual de Finanzas, recientemente publicado- consiste en prestar servicio a la sociedad, el propio de cada empresa, y generar rentas suficientes para la satisfacción de todos los que integran la empresa, mediante actuaciones que, en todo momento y circunstancia, sean congruentes con la dignidad de las personas que forman la empresa, o están en contacto con ella desde el exterior.

Pero, tras esta necesaria digresión, que, si no fuera por el espacio, requeriría tal vez mayor desarrollo, volvamos al hilo del argumento. Tender, dentro de cada coyuntura bursátil, a hacer máximo el patrimonio del accionista, supone lograr el máximo valor posible para la rentabilidad de los fondos propios (ROE, si aceptamos el anglicismo), porque cuanto mayor sea ésta, mayor será, dada una determinada política de dividendos, el crecimiento anual del beneficio y dividendo por acción. Ahora bien, la rentabilidad sobre fondos propios depende, por un lado, de la rentabilidad sobre activos totales, medida en banca por la relación entre el beneficio y los activos totales medios (ROA, si seguimos con el anglicismo), y, por otro lado, de la relación entre activos totales y fondos propios, que podemos llamar "apalancamiento"; de forma que, para un mismo ROA, cuanto mayor sea el "apalancamiento", mayor será el ROE. Y aquí es donde cobra importancia el tamaño. Todo banco debe intentar aumentar su tamaño, en el sentido de lograr que los recursos de terceros crezcan más que los fondos propios, para así mejorar el apalancamiento. Lo que sucede es que hay maneras distintas de aumentar los recursos de terceros y una de ellas, no deseable, es pagar más por el pasivo y cobrar menos por el activo, lo cual, al reducir el margen financiero, incide negativamente sobre la eficiencia y, finalmente, sobre la rentabilidad de los fondos propios, dada la creciente dificultad de compensar, vía comisiones, el estrechamiento del margen financiero.

La conclusión es que importa, aunque no a cualquier coste, el tamaño de los bancos; pero, para ser más exactos, no tanto el tamaño absoluto como la relación entre recursos ajenos y recursos propios, que hay que procurar hacer máxima, dentro naturalmente de la solvencia exigida, sea por propia decisión sea por disposiciones de los organismos oficiales de supervisión y control. De aquí que cuando un banco va aumentando sus fondos propios a consecuencia de los beneficios que pasa a reservas, debe intentar aumentar los recursos ajenos en la cuantía necesaria para que, por lo menos, no empeore, y a ser posible mejore, la relación de apalancamiento. Al mantenimiento y mejora del apalancamiento responde, precisamente, la política de devolución de fondos propios a sus propietarios, los accionistas, mediante la recompra de acciones o el pago de dividendos con cargo a reservas que algunos bancos practican, según puede observarse, sea en forma esporádica sea en forma regular.

En resumen, aumentar el tamaño no es, en sí mismo, la panacea para mejorar la eficiencia necesaria para triunfar en un ambiente más competitivo, pero el aumento del tamaño, más exactamente, del tamaño de los recursos de terceros en relación con los fondos propios, importa mucho, en la medida que, dada una determinada rentabilidad del activo, servirá para mejorar la rentabilidad de los fondos propios, que constituye el objetivo operativo final de toda empresa mercantil y, por lo tanto, de los bancos.


Página principal   ·   Página anterior


© 1998-1999. Rafael Termes